martes, agosto 03, 2004

Por fin libre, y a solas comigo

El otro día, cambió algo dentro de mí. Estuve toda la mañana haciendo gestiones de aquí para allá, lo que significa que estuve toda la mañana recorriendo la ciudad en metro, tren y autobús. Sin embargo, no me importó; iba leyendo un libro magnífico, un libro que para mí ha sido más que un simple libro.

Aquel día me sumergí en el embrujo de las palabras, en el mundo de los sueños, y durante varias horas todo lo demás no importó. Estaba a solas con mi libro, a solas con mis pensamientos, y me sentí francamente bien. No sentí la imperiosa necesidad de compartir ese momento con nadie; de darle sentido a través del acto de compartirlo, porque ya tenía sentido en sí mismo.

Darme cuenta de eso me hizo sentir satisfecha. Por fin comprendía verdaderamente lo que muchas veces me he repetido a mi misma: “Jamás estaré sola si aprendo a estar conmigo misma”. Allí estábamos yo, el tren, mis pensamientos, y ese pequeño gran libro. No hacía falta nada más; de hecho, de no haber sido en soledad, el momento hubiera sido incompleto. Fue perfecto así como era.

Por fin soy capaz de disfrutar de la soledad, porque en realidad no estoy sola; tengo la quimera que dibujan las palabras de mis pensamientos para acompañarme. Palabras que me acompañan y acompañarán siempre. Palabras que me limitan, o me dan alas, que empobrecen mi mundo, o le dan más significado del que puedo apreciar a simple vista. Pero tengo que ser capaz de escuchar, de observar, de leer entre líneas...

Aquel día, a través de las palabras, tan bien escogidas y encadenadas en aquel libro, aprendí una nueva manera de entender la vida. Aprendí que en mi está ver tan sólo lo que el mundo tiene a bien mostrarme, o descubrir su riqueza perfeccionando mi manera de mirarlo. Una mirada, que aún siendo propia y por tanto subjetiva, debe ser libre, debe ser amplia; incluso descabellada. Todo cobra un sentido más profundo, más verdadero, dentro de mí; Un significado que nace de mí y para mí. Mi propia verdad en la manera de sentir, en la manera de vivir, que podré compartir, pero que no es más real por ser compartida, sino que cobra sentido en sí misma, para mí sola, y de manera única y personal.